El bitcoin y sus alcances correlativos son un fenómeno financiero que ya lleva diez años como una alternativa digital descentralizada. Su desarrollo como divisa, ha ido penetrando tanto en el comercio común como en aspectos sociales, porque no hay otra forma de implementar elementos nuevos en nuestras vidas si no es con disposición abierta.

Más allá de su rol en la contingencia de la economía como factor de cambio, hoy el bitcoin es una plataforma tal capaz de ofrecer servicios de pago en mercados locales. Es esta transformación al detalle en el intercambio, y su lento, pero sostenido avance, el mayor promotor de los cambios tecnológicos que se avecinan.

En la historia, la implementación de la tecnología va en comunión entre los poderes y las personas que habitaban un lugar y un tiempo específicos. Pensemos en la imprenta. Se dice que Gutenberg fue su inventor, pero su rol principal fue darle un sentido al aparato que sumando otros pequeños inventos consiguió terminar; lo promovió y abogó por su uso, tal como lo emprendedores de hoy defienden sus ideas con ímpetu. En aquella época, como cada vez que se implementó una tecnología, hay poderes detrás dispuestos a poner el freno. Es por eso que la evolución tecnología es una responsabilidad social tanto como el desarrollo natural de la especie.

Cuando Richard Branson promulgó en los 90’s que conseguiría habitar la Luna fue descalificado por políticos y otros millonarios. Hoy Tesla, Google y varios más, están trabajando en proyectos para la Luna. Habrá unos pioneros que se subirán a las primeras naves y ellos serán importantes, como ese que primero compró, que probó.

Esto es un lado bastante potente de lo que es la inmersión de la moneda en la sociedad, comprender que la transformación a lo digital comienza desde los individuos y su capacidad única de acción.

La imagen puede contener: una o varias personas

Dulce bitcoin

Parte del cambio que requiere la implementación de las nuevas tecnologías es que los ciudadanos se informen sobre ellas y sus efectos o condiciones y actúen en su libertad para evitar las barreras de la ignorancia y el cerrojo de los prejuicios.

¿Se imaginan pagando la torta de tu hijo, sin tocar dinero físico, sin pasar por caja?

Y es que, eso sí se puede. Y no es un sueño, ni una publicidad llame ya. Ni sucede en New York o Paris. En Valparaíso existe una pastelería llamada Honey Bit que permite pagos en bitcoin y como ellos, hay emprendedores y líderes que entienden este paso evolutivo, se acoplan a nuevas alternativas existentes, aun con la incertidumbre si funcionará o no. No hay habilitación sin ensayo y error. Tampoco seguridad absoluta.

Sin embargo, más allá de los casos, que se repiten y proliferan, como en la historia, cada vez que se encuentra un camino mejor, es menester asimilar que vivimos en un mundo cambiante, en un planeta con vida propia que se modifica y en el que cada aporte hace una diferencia.

Y las criptomonedas, como las otras tecnologías disruptivas que se van presentando en el plano de la evolución, son tecnologías que suenan de muchas maneras, pero ese sonido, que suena a veces como ruido, solo se comprende en la escucha atenta, en el uso y en el intento.

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